La familia Creed, se muda a un pueblito en las afueras de la ciudad. En una linda casa pegada a una ruta. Allí nomás, existe un sendero que lleva a un cementerio de animales, casi todas, mascotas atropelladas por los camiones. Tarde o temprano, Church, el gato de los Creed irá a parar a aquel triste lugar. Pero existe otro cementerio, más allá del de mascotas. Un sitio mágico pero prohibido. Allí, los muertos vuelven a la vida. Parecen ser las mismas mascotas amadas y queridas. Pero nada más distinto.
Luis, el padre de los Creed, le pregunta a su vecino, despúes de enterrar a Church, si alguna vez enterraron a un ser humano en ese lugar, pero no recibe respuesta.
Muy pronto, una terrible tragedia en la familia, responderá ese interrogante.
Este es un caso especial. Este fué el primer film de terror que me impactó. Tenia 11 años creo, cuando la ví. Así descubrí también al genio de Stephen King. Años más tarde leí la novela y confirmé una historia facinante.
King (muy metido en las adaptaciones cinematograficas de sus libros) siempre tuvo aplausos para esta versión. Su secuela, también dirigida por la gran Mary Lambert, no llega a la calidad de su antecesora, pero no desentona con la esencia de la misma.
Unos datitos interesantes.
Los temas de los Ramones, que figuran en el film, es casi un requisito para King, confeso fanático del grupo punk.
King , quien le gusta aparecer en estos films haciendo cameos, hace de un reverendo.
Zelda (que escenita por Tutatis!!!) la hermana cadaverica de Rachel, en realidad la interpretó un hombre, Andrew Hubatsek.
Quienes leimos la novela, sabemos que en la escena donde Louis va al cementerio indio, se le aparece algo que lo sigue. Una especie de luz o bola de fuego, que termina siendo el Wendigo (Una leyenda india, un espíritu). En el film, también aparece un ser extraño que emerge de un acantilado, y aunque Luis lo ve, nunca se lo comenta a nadie.

Dibujo en tinta, de unos 20 x 30 cm.